Originariamente el término “Perroflauta” se utilizaba para designar de forma despectiva a los músicos ambulantes callejeros que tocan algún instrumento con escasa fortuna y que por regla general van desaseados, ocasionalmente en compañía de un chucho sarnoso. Su situación económica suele ser bastante precaria, pero eso es algo secundario para ellos ya que la libertad que experimentan y su esacaso contacto con el mundo explotador actual, les compensa sobradamente.
Actualmente se ha extendido este concepto a muchos otros colectivos o tribus urbanas que viven entre nosotros, pero que poseen matices diferentes a los perroflautas de toda la vida. Esta generalización ha hecho que desde Trolacas defendamos la sustitución del concepto “perroflautas” por el de “perroflaúticos/as”, cuando nos estemos refiriendo a esos antisistemas jovencitos con características similares al perroflauta (ambos tiene rastas, ropa desaliñada, higiene discutible, disfrutan del vino peleón, asisten a conciertos de música “alternativa”, etc) pero con diferencias importantes (estos perroflaúticos suelen tener pasta, carecen de ideales y utilizan ese modo de vida como una forma de justificar que no hacen nada en esta vida).
Desde este blog tenemos que reconocer que nos encantan las perrofláuticas, es más, la mayoría de ellas estan riquísimas. Detrás de esas ropas andrajosas, anchas y de esa estética descuidada se esconden auténticos bombones esperando ser descubiertos. Además, estas chiquillas, debido a su bisoñez y simpatía, son fácilmente accesibles y permiten entablar conversaciones relativamente fluidas. Los temas, eso sí, suelen ser los típicos que se dan entre ellos (críticas sobre esta sociedad impositiva y fascista y estilos de música alternativos).

Quizá no todas las perrofláuticas están tan ricas como ésta, pero nosotros las vemos a todas iguales
Lo mejor de estas perroflaúticas es su sentido de la no propiedad (lo mío es mío y lo tuyo es mío y tuyo). Sus influencias medio comunistas les hacen pedirte sin reparos lo que es ese momento necesiten, ya sea un vaso de mini para hacer calimocho, algo de vino, papel para porros, algún cubata, un cigarrito, 20 céntimos, que la lleves en coche a algún sitio, o lo que sea. Yo ya me he dado por vencido y cuando una perroflaútica semigernosilla me pide algo, no puedo resistirme. Es por eso que desde hace años voy a todos los conciertos gratuitos, casas okupas y manifas que puedo, para buscar mi perrofláutica con la que estabilizarme. Sé que una vez sea mi novia me sacará todo el dinero que gano honradamente, me pegará alguna enfermedad y me pondrá los cuernos cada vez que se vaya de viaje, pero todo sea por darle alas a ese canto a la libertad que se esconde bajo un olor insufrible y esas ropas andrajosas.














