¿Estáis en la lista de invitados?

Durante la adolescencia y la juventud, hay muchas catástrofes personales que pueden marcarte el resto de tu vida: te pueden poner los cuernos, tus amigos pueden traicionarte, puedes ser un paquete practicando los distintos deportes, pero sin duda, lo que más te marcará será el que no te dejen entrar a las discotecas de moda.

discoetca

El por qué de esto es sencillo: una mujer te puede ser infiel porque es una zorra, tus amigos te pueden traicionar porque son unos cabrones, si eres nefasto con el balón en los pies es porque estás más interesado en la literatura, y ,sin embargo, nunca encontrarás una razón para los múltiples “no” a la entrada de los mejores garitos nocturnos.

Es cierto que esto va por ciudades y comunidades, por ejemplo en Madrid nunca he tenido problemas para entrar en ningún sitio (pagando, por supuesto), y sin embargo, en Sevilla y Barcelona hay una serie de locales de tanta clase y señorío que siempre encontraban una razón para que yo y mis amigos no entráramos.

Interior de la discoteca Sutton The Club, que solo he podido ver en fotos

Interior de la discoteca Sutton The Club, que solo he podido ver en fotos

Cuando eso pasaba, o se acababa la noche como se podía en un garito de mala muerte, o uno entendía la indirecta, se iba a casa, y recapacitaba. Sobre el fracaso, el qué habré hecho mal en la vida. Será la ropa, serán los zapatos. Pero lo cierto, es que eras tú el que no entraba, y no había compensación posible a semejante vergüenza.

Los que nunca han oído la pregunta: “¿estáis en la lista de invitados?” no conocen lo que es el verdadero fracaso. Es gente que aunque ahora pueda estar arruinada y cobrando prestaciones, nunca sentirá el fracaso. En mi caso, nunca olvidaré que durante un tiempo, hacía colas sabiendo que recibiría un no, sin importar el grupo de amigos con el que fuera.

Un comentario en “¿Estáis en la lista de invitados?

  1. Hace un par de años estuve en Barcelona un fin de semana y por lo menos me negaron el paso en 3 discotecas. Yo creo que la razon fue la compañia que llevaba conmigo, un demagogo argentino y un pseudoboliviano sevillano de nacimiento. Los porteros no lo perdonaron. Desde ese dia no levanto cabeza

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