José Antonio Primo de Rivera, el Che Guevara español

El día 20 de noviembre de 1936 fue ejecutado por un pelotón militar en un acto sobrio alejado del romanticismo propio del Mártir en que el régimen Franquista trató de convertirlo. Condenado por conspiración contra la República, ya que había declarado en varias ocasiones que la violencia era la única forma de alcanzar el fin deseado, alegando que no era censurable para la conquista del Estado y la defensa de la Patria. La palabra patria suena a sucia y llena de sangre a estas alturas, pero cuando él la pronunció había un sentimiento positivo, de mejora por lo que era España en aquella época.

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La historia del Che Guevara es más conocida: fue ejecutado por el ejército boliviano cuando trataba de ayudar a la revolución socialista también con ayuda del fusil. En su caso no hubo juicio, ya que hicieron creer que la muerte se había producido en combate.

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También ambos aparecen como líderes ideológicos de sus respectivos movimientos, y ambos tuvieron una relación complicada con el que a la postre sería dictador de los regímenes establecidos. José Antonio nunca fue del agrado de Franco, un sentimiento que era mutuo, por lo que las especulaciones de que la muerte de Primo de Rivera ayudaron a Franco a consolidar su liderazgo, sin ninguna persona sin rango militar que pudiera aspirar a ser el jefe del estado tras la guerra. Por su parte Ernesto prefirió irse de Cuba cuando sintió que su trabajo estaba hecho, él no se perpetuaría en el poder como Fidel Castro, prefería seguir proclamando la revolución de los campesinos en los países que lo necesitaran.

Sus motivaciones eran muy distintas, para uno su razón era aunar una España decadente a la que había que proteger del socialismo, y para el otro, había que promover el socialismo como la única forma de acabar con las injusticias.

Ambos coincidieron en rechazar la democracia, absurda a la hora de promover los cambios importantes, ya que hay que recurrir a la violencia y a las armas, siempre que haya un fin noble que las merezcan.

Citas:

“No confío en el voto de la mujer. Mas no confío tampoco en el voto del hombre. La ineptitud para el sufragio es igual para ella que para él.”

“El derechismo, los partidos de derechas, quieren conservar la Patria, quieren conservar la autoridad; pero se desentienden de esta angustia del hombre, del individuo, del semejante que no tiene para comer”

14 comentarios en “José Antonio Primo de Rivera, el Che Guevara español

  1. “rechazar la democracia, absurda a la hora de promover los cambios importantes, ya que hay que recurrir a la violencia y a las armas”
    mmm…siento discrepar, la violencia solo genera violencia, la historia ya nos ha enseñado muchas veces que del enfrentamiento ninguna nación sale fortalecida.
    Los dos tenian motivos muy distintos, pero fueron igual de idiotas al defender ideas con armas.

  2. Primo de Rivera al ser falangista, es socialista. No puede luchar alguien que su ideología es socialista contra el socialismo. Por algo la idelogía se llama nacional-socialismo o fascismo. Económicamente el socialismo y el fascismo son iguales, lo que les diferencia es el afán guerrero y expansionista de los fascistas.

    Un poquito de informarse y no comparar la cremica con la mierda que huele a naftalina.

    • Me temo que te equivocas, porque aunque había cierto paralelismo con el socialismo, él cargó sus tintas contra el socialismo auspiciado por la Internacional. En su discurso de presentación de la Falange en 1933 afirmó:

      »El socialismo, sobre todo el socialismo que construyeron, impasibles en la frialdad de sus gabinetes, los apóstoles socialistas, en quienes creen los pobres obreros, y que ya nos ha descubierto tal como eran Alfonso García Valdecasas; el socialismo así entendido, no ve en la Historia sino un juego de resortes económicos: lo espiritual se suprime; la Religión es un opio del pueblo; la Patria es un mito para explotar a los desgraciados. Todo eso dice el socialismo. No hay más que producción, organización económica. Así es que los obreros tienen que estrujar bien sus almas para que no quede dentro de ellas la menor gota de espiritualidad.

      »No aspira el socialismo a restablecer una justicia social rota por el mal funcionamiento de los Estados liberales, sino que aspira a la represalia; aspira a llegar en la injusticia a tantos grados más allá cuantos más acá llegaran en la injusticia los sistemas liberales.

      »Por último, el socialismo proclama el dogma monstruoso de la lucha de clases; proclama el dogma de que las luchas entre las clases son indispensables, y se producen naturalmente en la vida, porque no puede haber nunca nada que las aplaque. Y el socialismo, que vino a ser una crítica justa del liberalismo económico, nos trajo, por otro camino, lo mismo que el liberalismo económico: la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres.

  3. Claro, ellos no ven el socialismo como se declara en la Internacional, por ello utilizan en este caso la religión católica, en el caso de Alemania una serie de mezclas mitológicas. Así como la degradación de la mujer a la calidad de una rata de cloaca.

    Pero se encuadra dentro del movimiento revolucionario. No hay que olvidar que son movimientos anticapitalistas y en favor del proletariado.

    Son declarados anticomunistas, pero en lo económico son socialistas, por muy creyentes, patriotas y misóginos que quieran ser. De hecho, Hitler y Mussolini llegaron al poder con proclamas socialistas, criticando la europa liberal que tanta ruina les había aportado.

    • Sr. Berni, entiendo su punto de vista, pero me sorprendió que se criticara mi documentación, ya que me había leído el artículo wikipédico completo (o casi) y en él se hablaba precisamente de esa “lucha contra el socialismo” a la que se hace alusión. Cierto es que contra lo que luchaba era contra la misión anticlerical que propagaban, no contra el resto de reformas.

  4. He leido y escuchado muchas pelotudeces , pero comparar al asesino
    ateo y carnicero de Guevara con José Antonio parece ser el techo al
    que pueden llegar la ignorancia, el reduccionismo y la estupidez humanas.
    José Antonio era profundísima y fundamentalmente católico , consideraba la hispanidad y la catolicidad conceptos que se implicaban mutuamente. Abundante prueba de esto hay en su discurso como para poner ejemplos. El ser católico lo hacia estar irremediable e irreconciliablemente enfrentado al modernismo iluminista y sus dos grandes excrecencias : El marxismo ateo y el liberalismo apátrida. Tomó , eso si, los modelos de estado corporativo del fascismo, conciliados perfectamente con la Doctrina Social de la Iglesia. Es muy probable que , de haber sobrevivido a la guerra, se hubiera enfrentado al régimen liberal de Franco con la misma pasión y vehemencia con que enfrentó a la república roja.
    El che Guevara era un hombre menor, soberbio, obtuso , verborrágico ,sanguinario y egoista. Para el la violencia política no estaba al servicio de ningun ideal si no de su propia vanagloria.
    José Antonio en cambio, era un espíritu superior, apasionado, generoso hasta dar la vida, dueño de una verba encendida y prodigiosa , fundador de un estilo político y poético únicos. Despreciaba la politiquería infame y la partidocracia corrupta. baste recordar como se refería a las elecciones : “En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo.No saldrá de allí vuestra España. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada , como de taberna al final de una noche crapulosa. No está allí nuestro sitio. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo y en lo alto las estrellas”

  5. La figura y las ideas de d. Jose Antonio Primo de Rivera es conveniente verlas con la perspectiva de la época. Está claro que no son los mismos los tiempos del año 35 que los de hoy, desde cualquier punto de vista, sea costumbrista, social, ideológico, religioso o político. Jose Antonio analizó con claridad el entorno de la época, y si leemos algunas de sus frases sin indicar fecha y procedencia parece que estemos hablando de hoy mismo. Parece que aunque los tiempos cambien, los políticos (en general) no lo hacen. Jose Antonio tuvo una visión de conjunto muy por encima de los políticos contemporáneos. El gallinero que era España en aquellos años era semejante al actual, con la diferencia de que la juventud no era tan pasota como hoy día. Después de una guerra, una dictadura, una transición y una democracia, parece que estamos en el mismo sitio. El débil sigue siendo el débil y el poderoso, poderoso. Y si miramos bien, siguen siendo los mismos.

  6. Este tipo de “blogs” ( por llamarlo de alguna manera) es una clara muestra de la incultura de nuestra sociedad… comparar al Ché Guevarra con José Antonio debería ser delito penado con cárcel o al menos penado con leer al menos 5 libros al mes. En Internet ya se ve de todo…..así nos va :S

  7. La figura humana y política de Jose Antonio ha sufrido todo tipo de manipulaciones interesadas por medios de la derecha e izquierda, pues su pensamiento busca diferenciarse de la cortedad y simplificación en que incurrian esas ideologias durante esa época.
    José Antonio contra la guerra civil
    José Antonio se encuentra en medio del conflicto entre los partidarios de una dictadura clasista de la izquierda revolucionaria y los partidarios de una dictadura clasista de la derecha reaccionaria, su aspiración es la implantación de una revolución personalista no clasista que transforme el injusto orden socioeconómico, por eso es partidario de la nacionalización de la banca, reforma agraria, sindicalización de la economía, conservando los valores rescatables de la tradición. Esta en contra de las dos Españas que luchan por eliminarse, e intenta llegar a acuerdos con la izquierda no bolchevique del partido Socialista, con el partido Sindicalista y la CNT sin resultado.
    A la Falange solo le quedaba el camino de unirse a los conspiradores, sino quería ser aplastado por la derecha o por la izquierda y se encuentra en el dilema de apoyar al bando con el que tiene coincidencias en el terreno de las creencias religiosas y otros valores, y discrepancias en gran parte de su concepción del orden social. Presume que al final el golpe llevará a la implantación de una dictadura clasista de derecha reaccionaria con la eliminación de la Falange si esta no logra imponerse.

    CIRCULAR DE JOSE ANTONIO A LOS DIRIGENTES DE LA FALANGE EL 24 DE JUNIO 1936

    José Antonio se resiste a incorporarse al golpe, que según su visión al final será de pura reacción conservadora.

    … Los proyectos políticos de los militares no suelen estar adornados por el acierto. Estos proyectos arrancan siempre de un error inicial el de creer que los males de España responden a simples desarreglos de orden interior y desembocan en la entrega del poder a charlatanes faltos de toda conciencia histórica, de toda auténtica formación y de todo brío para la irrupción de la patria en las grandes rutas de su destino.
    La participación de la Falange en uno de esos proyectos prematuros y candorosos constituiría una gravísima responsabilidad y arrastraría su total desaparición, aún en el caso de triunfo. Por este motivo, porque casi todos los que cuentan con la falange para este género de empresas la consideran no como un cuerpo total de doctrina, sino como un elemento auxiliar de choque, como una especie de fuerza de asalto, destinada el día de mañana a desfilar ante los fantasmones encaramados en el poder.
    Consideren todos los camaradas hasta que punto es ofensivo para la Falange el que se le proponga formar parte como comparsa en un movimiento que no va a conducir a la implantación del Estado nacionalsindicalista , al alborear de de la inmensa tarea de reconstrucción patria bosquejada en nuestros 27 puntos, sino a reinstaurar una mediocridad burguesa conservadora ( de la que España ha conocido tan largas muestras), orlada para mayor escarnio, con el acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules…

    CARTA DE JOSÉ ANTONIO A DIEGO MARTÍNEZ BARRIO
    José Antonio ante la situación de guerra civil en que ha derivado el enfrentamiento entre españoles, escribe una carta al presidente de las Cortes Diego Martínez Barrio, quién nos da a conocer su contenido en una conferencia pronunciada en el Centro Español de México el día 23 de abril de 1941.

    9 de agosto de 1936 (carta de José Antonio a Diego Martínez Barrio)
    Respetado presidente: Después de una detenida deliberación en conciencia y con la mira en el servicio de la España de todos, tan gravemente amenazada en los presentes días, me decido a solicitar una audiencia de usted. No sería difícil llevarla a cabo; podría trasladarme una noche al Gobierno Civil, como si fuera a ser interrogado por el gobernador y allí ser recibido por usted sin que se enterase nadie. La audiencia podría quizás ser útil y en ningún caso sería perjudicial. De todas maneras usted será quién decida, y creo que he cumplido con mi deber al escribirle estos renglones. Le da las gracias anticipadas por la atención que le preste, su respetuoso s.s y amigo q.e.s.m. Jose Antonio Primo de Rivera
    Diego Martínez Barrio dice: Resolví dado el estado de incertidumbre de mi ánimo, haciendo lo que cualquier otro hubiera hecho en mi caso, pero que a mí se me presentó como un deber ineludible. Hablé por teléfono con el Jefe de Gobierno, señor Giral, le indiqué en palabras veladas que había recibido un documento que estimaba de importancia y que procedía a enviar una persona de mi absoluta confianza para que le diera cuenta del contenido.
    Le añadí mi opinión favorable a que se escuchara al señor Primo de Rivera, pero haciendo la salvedad de que no era yo la persona indicada para oírle, por razones múltiples, que inmediatamente pesaron en el ánimo del presidente del consejo de ministros. El señor Giral me contestó enseguida, después de haber consultado con sus compañeros de gobierno, que creía también conveniente oír al señor Primo de Rivera y que pensaba como yo le había manifestado, que no debía el presidente de las Cortes celebrar esa conferencia.
    Entonces, de común acuerdo, se designó para que se trasladara a la prisión provincial de Alicante, el secretario de la Junta Delegada de Levante, don Leonardo Martín Echevarría. Conozco en todos sus detalles la entrevista del señor Primo de Rivera con el señor Martín Echeverría, que era una proposición concreta del jefe de Falange Española al Gobierno de la República. Supe que el señor Primo de Rivera había propuesto al señor Martín Echeverría, para que lo trasladara al gobierno, que se le permitiera salir de prisión donde se reintegraría al cabo de cierto tiempo ,con el fin de realizar una gestión en el campo rebelde orientada a la terminación de la guerra civil y al sometimiento de los militares y civiles rebeldes contra la República, al Gobierno legítimo.
    José Antonio da su palabra de honor que volvería a la prisión quedando parte de su familia como rehén, una tía y hermanos. Hablaba de unas soluciones intermedias que podrían ser base de esa negociación, pero recalcaba e insistía en la necesidad de que se pusiera término a la contienda que se había iniciado, porque creía el como español que la contienda sumiría en el caos y la ruina a la patria.
    El gobierno conoció esta proposición del señor Primo de Rivera y no la aceptó, porque evidentemente no era posible aceptarla. Fuere cual fuere el propósito que animara al proponente, y no tengo porque sospechar que la palabra de honor la dejara incumplida, es lo cierto que en la situación de España por aquel tiempo no había posibilidad de arrancar a la acción de la justicia la persona del jefe de Falange Española. La proposición por tanto fue desechada. Añado, justificando que el gobierno no la tomara en cuenta, que mi convicción de entonces y la de hoy es que el señor Primo de Rivera no hubiera logrado de la gente sublevada en armas que las depusieran, y menos que las rindieran ante el gobierno legítimo de la República.

    ESCRITOS DE JOSÉ ANTONIO CONSERVADOS POR INDALECIO PRIETO
    Estos apuntes a que hizo José Antonio en la cárcel de Alicante, quince días antes de su fusilamiento fueron conservados por Indalecio Prieto con otros documentos después de su fusilamiento. Están tomados de “Convulsiones de España”, Indalecio Prieto, Tomo I. Ed. Oasis, S. A., México, 1967.
    “5 de noviembre de 1936. Cuando la sublevación estalla, se incomunica a José Antonio en la cárcel de Alicante. Durante aquella soledad y aquel silencio, el prisionero traza el guión de un manifiesto político por si le fuera dado concluirlo y publicarlo.
    Dicen así:
    Situación,. no tengo datos de quién lleva la mejor parte. Por lo tanto, pura síntesis moral: A) Si gana el Gobierno: 1º) fusilamientos; 2º) predominio de los partidos obreros (de clase, de guerra); 3º) consolidación de las castas de españoles (funcionarios cesantes, republicanización, etc.). Se dirá: el Gobierno no tiene la culpa. Los que se han sublevado son los otros. No: una rebelión (sobre todo tan extensa) no se produce sin un profundo motivo. ¿Reaccionarismo social? ¿Nostalgia monárquica? No: este alzamiento es, sobre todo, de clase media. (Hasta geográficamente, las regiones en que ha arraigado más (Castilla, León, Aragón) son regiones de tono pequeño burgués). El motivo determinante ha sido la insufrible política de Casares Quiroga. Persecuciones. Vejaciones. Atropellos… Ejemplo: yo. Mi actuación parlamentario. Ref. agraria… Proposición acusatorio… Asunto de Guinea… Mi conducta política: Persecución por las derechas, Exclusión de candidaturas… Con esfuerzo y sacrificio he logrado disciplinar a una juventud a la deriva, que, probablemente, hubiera derivado hacia la acción estéril. Llega el 16 de febrero.
    NUESTRA ACTITUD. SALIDA DEL BIENIO ESTÚPIDO. Clausuras. Tolerancia para los asesinatos de los nuestros. Y a poco: Registros. Encarcelamientos (millares). Contra mí: procesos falsos. ¿Resultado?: Imposibilidad de la vida legal, controlada, como partido; reducción a la vida ilegal, incontrolable, en guerrillas. No se puede aumentar indefinidamente la presión de una caldera. La cosa tenía que estallar. Y estalló. Pero ahora

    B) –¿Qué va a ocurrir si ganan los sublevados? Un grupo de generales de honrada intención; pero de desoladora mediocridad política. Puros tópicos elementales (orden, pacificación de los espíritus … ) Detrás:
    1º) El viejo carlismo intransigente, cerril, antipático.
    2º) Las clases conservadoras, interesadas, cortas de vista, perezosas.
    3º) El capitalismo agrario y financiero, es decir: la clausura en unos años de toda posibilidad de edificación de la España moderna. La falta de todo sentido nacional de largo alcance. Y, a la vuelta de unos años, como reacción, otra vez la revolución negativa. Salida única: La deposición de las hostilidades y el arranque de una época de reconstrucción política y económica nacional sin persecuciones, sin ánimo de represalia, que haga de España un país tranquilo, libre y atareado.
    PROYECTO DE GOBIERNO NACIONAL Mi ofrecimiento:
    1. Amnistía general.
    2. Reposición de los funcionarios declarados cesantes a partir del 18 de julio.
    3. Disolución y desarme de todas las milicias. La existencia comprobada de grupos organizados militarmente hará recaer la responsabilidad sobre las asociaciones o partidos con los que mantengan relación notoria.
    4. Alzamiento del estado de alarma y de prevención. (Si por razones de orden público no se considera esto posible, modificación de la ley O.p. en el sentido:1º. de que la prisión gubernativa no pueda durar más de quince días, ni ser impuesta más de dos veces cada seis meses; 2º. que las clausuras de centros políticos se sujeten a las mismas normas; 3º. que las multas gubernativas se hayan de imponer por resolución fundada y, no siendo impuestas en aplicación de preceptos fiscales, no se hagan efectivas sino después de agotados los recursos legales).
    5. Revisión de las incautaciones realizadas durante el período anormal, en orden a acomodarlas a los preceptos vigentes antes del 18 de julio.
    6. Declaración de inamovilidad de todos los funcionarios públicos, salvo lo que dispusieran los reglamentos orgánicos de los distintos cuerpos vigentes el 18 de julio.
    7. Supresión de toda intervención política en la administración de Justicia. Esta dependerá del Tribunal Supremo, constituido tal como está y se regirá por las leyes vigentes antes del 16 de febrero último.
    8. Implantación inmediata de la ley de Reforma agraria.
    9. Autorización de la enseñanza religiosa, sometida a la inspección técnica del Estado.
    10. Formación de un Gobierno presidido por D. Diego Martínez Barrio, del que formen parte los señores Alvarez (D. Melquíades), Portela, Sánchez Román, Ventosa, Maura (D. Miguel). Ortega y Gasset y Marañón.
    11. Redacción de un programa de política nacional reconstructiva y pacificadora.
    12. Clausura de las Cortes durante seis meses y autorización al Gobierno para legislar dentro de las líneas del programa aprobado”.
    Más tarde formulo la lista del proyectado Gobierno en la forma siguiente: “Presidencia: Martínez Barrio Estado: Sánchez Román. Justicia: Alvarez (D.M.). Guerra: El Presidente. Marina: Maura (M.). Gobernación: Portela. Agricultura: Ruiz Funes. Hacienda: Ventosa. Instrucción Pública: Ortega y Gasset. Obras Públicas: Prieto. Industria y Comercio: Viñuales. Comunicaciones. Trabajo y Sanidad: Marañón”. —

  8. JOSE ANTONIO Y LA IZQUIERDA

    José Antonio y la izquierda
    La relación de La Falange Joseantoniana con la izquierda fue un camino de ida y vuelta, así como José Antonio se acercó a los postulados socioeconómicos de la izquierda y los integró en su pensamiento, modificando los aspectos más negativos como el clasismo y su concepción plenamente estatista de la economía, destacados militantes de la izquierda, socialistas, comunistas, anarcosindicalistas recalaron en la organización Falangista.

    En la obra “José Antonio y La República” ( Ediciones Tarfe 1996) de José María García Tuñón se menciona un artículo firmado por Alfredo Kindelán (hijo) con el título de “Contrastes” donde se desvela una carta que dirigió Indalecio Prieto, desde Méjico con fecha 3 de septiembre de 1944, al ministro de asuntos exteriores de Inglaterra mister Eden y en la que se decía entre otras cosas:
    Recuerdo que he dado referencia detallada de mis múltiples entrevistas con el fogoso joven, víctima inenarrable y cuyo sacrificio yo condené y condeno, José Antonio Primo de Rivera. Y sigue relatando Indalecio Prieto : ¡ Como quería fundar el Partido Social Español y como me alentaba para que yo recogiese lo mas sano del Partido Socialista y marcháramos juntos¡ ¡como me hizo dudar y ví que estábamos rebasados¡…. Y cuantos me reprochan las defensas de de ese joven impetuoso y bien intencionado, conocen mi respuesta. Es que también le debía la vida, porque él y su gente me custodiaron a mi domicilio una noche en que algunos que se decían correligionarios míos habían acordado abolirme. Ya conoce V.E. por escrito el episodio. Son páginas personales que dicen muchas cosas.
    Y continuando en la obra “Jose Antonio y La República” se hace referencia a Félix Gordón Ordás que fue presidente del gobierno republicano en el exilio durante (1951 a 1960) y que publicó la obra “ Mi política en España”, donde se recoge el siguiente testimonio:
    Aunque parezca muy aventurado lo que afirmo, creo que fue posible lograr que José Antonio Primo de Rivera hubiese cooperado con los republicanos de izquierdas, si con la acción y la retórica que amaba por igual, se le hubiera sabido atraer a nuestro régimen, pues yo no he olvidado que delante de mi le dijo un día a Don Indalecio Prieto, por quién sentía afecto y admiración, que el se inscribiría en el Partido Socialista si este se declaraba nacional. El nacionalismo exacerbado de aquel muchacho inteligente, reflexivo y audaz, a pesar de su aparente frivolidad señoritil se hubiera podido atraer y aprovechar si en los momentos en que la República era todavía una gran ilusión nacional, hubiese habido alguien con perspicacia y autoridad suficientes para haber comprendido lo que en su cerebro encerraba José Antonio Primo de Rivera de positivo y la utilidad que de ello podía haber obtenido el nuevo régimen, necesitado de todas las cooperaciones españolistas inquietas por el porvenir para afianzarse, sin grandes resistencias, en el alma de todos los españoles progresistas.
    El periodista Augusto Assía participò en varias conversaciones en compañía de Indalecio Prieto y el doctor Fraile su médico y amigo, en 1983 publica en el diario “Ya” un artículo titulado “ Los contactos de Jose Antonio con Indalecio Prieto y los escritos que le dejó” donde se afirma:
    A mí, Prieto no me precisó quienes eran los socialistas que le prestaron atención a las fracasadas negociaciones que intentó Miguel Maura en mayo de 1936, para abortar la guerra civil con la formación de un gobierno nacional presidido por el y del que formaría parte José Antonio Primo de Rivera. Me habló de unas comidas en Lhardy, en una de las cuales por lo menos figuraban José Antonio y el, me contó también su viaje a Alicante en el mes de octubre para organizar la huida de José Antonio y su traslado a la zona nacional ( creo que era el mejor regalo que podía enviarle a Franco) y que tuvo que abandonar debido a que al volver al hotel encontró una nota del comité anarquista local en la que se le advertía que le seguían y que si no quería que José Antonio muriese antes de tiempo, lo mejor sería que regresara a Valencia.

    EN “PORQUÉ PERDIMOS LA GUERRA” EL HISTORIADOR ANARCOSINDICALISTA ABAD DE SANTILLÁN HACE EL SIGUIENTE COMENTARIO:
    A pesar de la diferencia que nos separaba, veíamos algo de ese parentesco espiritual con José Antonio Primo de Rivera, hombre combativo, patriota, en busca de soluciones para el porvenir del país. Hizo antes de julio de 1936 diversas tentativas para entrevistarse con nosotros. Mientras toda la policía de la República no había, descubierto cuál era nuestra función en la F. A. I., lo supo Primo de Rivera, jefe de otra organización clandestina, la Falange española. No hemos querido entonces, por razones de táctica consagrada entre nosotros, ninguna clase de relaciones. Ni siquiera tuvimos la cortesía de acusar recibo a la documentación que nos hizo llegar para que conociésemos una parte de su pensamiento, asegurándonos que podía constituir base para una acción conjunta en favor de España. Estallada la guerra, cayó prisionero y fué condenado a muerte y ejecutado. Anarquistas argentinos nos pidieron que intercediésemos para que ese hombre no fuese fusilado. No estaba en manos nuestras impedirlo, a causa de las relaciones tirantes que manteníamos con el gobierno central, pero hemos pensado entonces y seguimos pensando que fué un error de parte de la República el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera; españoles de esa talla, patriotas como él no son peligrosos, ni siquiera en las filas enemigas. Pertenecen a los que reinvindican a España y sostienen lo español aun desde campos opuestos, elegidos equivocadamente como los más adecuados a sus aspiraciones generosas. ¡Cuánto hubiera cambiado el destino de España si un acuerdo entre nosotros hubiera sido tácticamente posible, según los deseos de Primo de Rivera!

  9. SOBRE LA REFORMA AGRARIA (Discursos pronunciados en el Parlamento el 23 y 24 de julio de 1935)

    José Antonio pronuncia en el Congreso de Los Diputados uno de los discursos mas elaborados y valientes en defensa de LA REFORMA AGRARIA, denunciando la situación de postración y esclavitud en que vivían muchos campesinos, donde los propietarios eran dueños hasta del alma de sus siervos. Esta intervención parlamentaria de José Antonio en defensa de la Reforma Agraria ha sido sistemáticamente ocultada desde el Franquismo y hasta los tiempos actuales.

    PALABRAS DE BOLCHEVIQUE
    El pasado día 24, por la mañana, fui clasificado definitivamente como bolchevique por innumerables personas de las que me dispensan el honor de inquietarse por mi suerte. El motivo próximo de tal clasificación fue el discurso pronunciado por mí la tarde antes en el Congreso, con ocasión de la reforma de la Reforma Agraria. Dicho sea de paso, la mayor parte de los que fulminaron el anatema contra mí no habían leído el discurso, sino algún lacónico extracto de la Prensa. Aunque me esté mal el decirlo, mi retórica tiene, a falta de otras dotes, la de una estimable concisión: extractado, se queda en los huesos, y resulta imposible de digerir. Pero sería demasiado aspirar a que las personas, para juzgar discursos, se tomaran el trabajo de leerlos. Con aquellos comprimidos era bastante para pronunciar la sentencia: quien así hablaba no podía ser más que un bolchevique.
    Ahora bien: ¿qué idea tienen de los bolcheviques mis detractores? ¿Piensan que el bolcheviquismo consiste, antes que nada, en delimitar tierras y reinstalar sobre ellas a un pueblo secularmente famélico? Pues se equivocan. El bolcheviquismo es en la raíz una actitud materialista ante el mundo. El bolcheviquismo podrá resignarse a fracasar en los intentos de colectivización campesina, pero no cede en lo que más importa: en arrancar del pueblo toda religión, en destruir la célula familiar, en materializar la existencia. Llega al bolcheviquismo quien parte de una interpretación puramente económica de la Historia. De donde el antibolcheviquismo es, cabalmente, la posición que contempla al mundo bajo el signo de lo espiritual. Estas dos actitudes, que no se llaman bolcheviquismo ni antibolcheviquismo, han existido siempre. Bolchevique es todo el que aspira a lograr ventajas materiales para sí y para los suyos, caiga lo que caiga; antibolchevique, el que está dispuesto a privarse de goces materiales para sostener valores de calidad espiritual. Los viejos nobles, que por la Religión, por la Patria y por el rey comprometían vidas y haciendas, eran la negación del bolcheviquismo. Los que hoy, ante un sistema capitalista que cruje, sacrificamos comodidades y ventajas para lograr un reajuste del mundo, sin que naufrague lo espiritual, somos la negación del bolcheviquismo. Quizá por nuestro esfuerzo, no tan vituperado, logremos consolidar unos siglos de vida, menos lujosa, para los elegidos; pero que no transcurra bajo el signo de la ferocidad y la blasfemia. En cambio, los que se aferran al goce sin término de opulencias gratuitas, los que reputan más y más urgente la satisfacción de sus últimas superfluidades que el socorro del hambre de un pueblo, esos intérpretes materialistas del mundo, son los verdaderos bolcheviques. Y con un bolcheviquismo de espantoso refinamiento: el bolcheviquismo de los privilegiados.
    JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA.
    (ABC, 31 de julio de 1935)

    SOBRE LA REFORMA AGRARIA (Discursos pronunciados en el Parlamento el 23 y 24 de julio de 1935)

    23 DE JULIO DE 1935 El señor PRIMO DE RIVERA: A estas horas señores diputados, hay la obligación de ser lacónico, y lacónicamente…

    (El señor Rodríguez Jurado: “Pero ¿hay más turnos, señor presidente?”) Aguántese el señor Rodríguez Jurado… … … … … … … … … … … … … … … … … … …

    El señor PRIMO DE RIVERA: Aunque le pese al señor Rodríguez Jurado…

    (El señor Rodríguez Jurado: “Al señor Primo de Rivera, personalmente, le escucho con mucho gusto”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA: Mejor si no le pesa al señor Rodríguez Jurado. El tema de toda esta discusión creo que puede encerrarse en una pregunta: ¿Hace falta o no hace falta una Reforma agraria en España? Si en España no hace falta una Reforma agraria, si alguno de vosotros opina que no hace falta, tened el valor de decirlo y presentad un proyecto de ley, como decía el señor Del Río, que diga: “Artículo único. Queda derogada la ley de 15 de septiembre de 1932”. Ahora, ¿hay alguno entre vosotros, en ningún banco, que se haya asomado a las tierras de España y crea que no hace falta una Reforma agraria? Porque no es preciso invocar ninguna generalidad demagógica para esto; la vida rural española es absolutamente intolerable. Prefiero no hacer ningún párrafo.

    Os voy a contar dos hechos escuetos. Ayer he estado en la provincia de Sevilla: en la provincia de Sevilla hay un pueblo que se llama Vadolatosa; en este sitio salen a las tres de la madrugada las mujeres para recoger los garbanzos; terminan la tarea al mediodía, después de una jornada de nueve horas, que no puede prolongarse por razones técnicas, y a estas mujeres se les paga una peseta.

    (Rumores. El señor Oriol: “Mejor sería denunciar el hecho concreto, con nombres”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA: Otro caso de otro estilo. En la provincia de Ávila –esto lo debe saber el señor ministro de Agricultura– hay un pueblo que se llama Narros del Puerto. Este pueblo pertenece a una señora que lo compró en algo así como ochenta mil pesetas. Debió de tratarse de algún coto redondo de antigua propiedad señorial. Aquella señora es propietaria de cada centímetro cuadrado del suelo; de manera que la iglesia, el cementerio, la escuela, las casas de todos los que viven en el pueblo, están, parece, edificados sobre terrenos de la señora. Por consiguiente, –ni un solo vecino tiene derecho a colocar los pies sobre la parte de tierra necesaria para sustentarle, si no es por una concesión de esta señora propietaria. Esta señora tiene arrendadas todas las casas a los vecinos que las pueblan, y en el contrato de arrendamiento, que tiene un número infinito de cláusulas, y del que tengo copia, que puedo entregar a las Cortes, se establecen no ya todas las causas de desahucio que incluye el Código Civil, no ya todas las causas de desahucio que haya podido imaginarse, sino incluso motivos de desahucio por razones como ésta: “La dueña podrá desahuciar a los colonos que fuesen mal hablados”. (Risas y rumores.) Es decir, que ya no sólo entran en vigor todas aquellas razones de tipo económico que funcionan en el régimen de arrendamientos, sino que la propietaria de este término, donde nadie puede vivir y de donde ser desahuciado equivale a tener que lanzarse a emigrar por los campos, porque no hay decímetro cuadrado de tierra que no pertenezca a la señora, se instituye en tutora de todos los vecinos, con esas facultades extraordinarias, facultades extraordinarias que yo dudo mucho de que existieran cuando regía un sistema señorial de la propiedad. Pues bien: esto, que en una excursión de cien kilómetros se encuentra repetido por todas las tierras de España, nos convence, creo yo que nos convence a todos, de que en España se necesita una Reforma agraria. Ahora, entiendo que, evidentemente, la Reforma agraria es algo más extenso que ir a la parcelación, a la división de los latifundios, a la agregación de los minifundios. La Reforma agraria es una cosa mucho más grande, mucho más ambiciosa, mucho más completa; es una empresa atrayente y magnífica, que probablemente sólo se puede realizar en coyunturas revolucionarias, y que fue una de las empresas que vosotros desperdiciasteis a vuestro tiempo. (El señor Guerra del Río: “Exacto”.)

    La Reforma agraria española ha de tener dos partes, y si no, no será más que un remedio parcial, y probablemente un empeoramiento de las cosas. En primer lugar, exige una reorganización económica del suelo español. El suelo español no es todo habitable, ni muchísimo menos; el suelo español no es todo cultivable. Hay territorios inmensos del suelo español donde lo mismo el ser colono que el ser propietario pequeño equivale a perpetuar una miseria de la que ni los padres, ni los hijos, ni los nietos se verán redimidos nunca. Hay tierras absolutamente pobres, en las que el esfuerzo ininterrumpido de generación tras generación no puede sacar más que cuatro o cinco semillas por una. El tener clavados en esas tierras a los habitantes de España es condenarlos para siempre a una miseria que se extenderá a sus descendientes hasta la décima generación.

    Hay que empezar en España por designar cuáles son las áreas habitables del territorio nacional. Estas áreas habitables constituyen una parte que tal vez no exceda de la cuarta de ese territorio; y dentro de estas áreas habitables hay que volver a perfilar las unidades de cultivo. No es cuestión de latifundios ni de minifundios; es cuestión de unidades económicas de cultivo. Hay sitios donde el latifundio es indispensable –el latifundio, no el latifundista, que éste es otra cosa–, porque sólo el gran cultivo puede compensar los grandes gastos que se requieren para que el cultivo sea bueno. Hay sitios donde el minifundio es una unidad estimable de cultivo; hay sitios donde el minifundio es una unidad desastrosa. De manera que la segunda operación, después de determinar el área habitable y cultivable de España, consiste, dentro de esa área, en establecer cuáles son las unidades económicas de cultivo. Y establecidas el área habitable y cultivable y la unidad económica de cultivo, hay que instalar resueltamente a la población de España sobre esa área habitable y cultivable; hay que instalarla resueltamente, y hay que instalarla –ya está aquí la palabra, que digo sin el menor deje demagógico, sino por la razón técnica que vais a escuchar en seguida– revolucionariamente. Hay que hacerlo revolucionariamente, porque, sin duda, queramos o no queramos la propiedad territorial, el derecho de propiedad sobre la tierra, sufre en este momento ante la conciencia jurídica de nuestra época una subestimación. Esto podrá dolernos o no dolernos, pero es un fenómeno que se produce, de tiempo en tiempo, ante toda suerte de títulos jurídicos. En este momento la ciencia jurídica del mundo no se inclina con el mismo respeto de hace cien años ante la propiedad territorial. Me diréis que por qué le va a tocar a la propiedad territorial y no a la propiedad bancaria –a la que va a llegar su turno en seguida–; que por qué no le va a tocar a la propiedad urbana, a la propiedad industrial. Yo no soy el que lleva la batuta del mundo.

    (El señor Oriol de la Puerta: “La propiedad bancaria será la causante de eso”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA: Esa es la que vendrá en seguida. Pero yo no llevo la batuta del mundo. En este instante, la que está sometida a esa subestimación jurídica ante la conciencia del mundo es la propiedad territorial, y cuando esto ocurre, queramos o no queramos, en el momento en que se opera con este título jurídico subestimado, hay que proceder a una amputación económica cuando se quiere cambiar de titular. Esto ha ocurrido en la Historia constantemente; el señor Sánchez Albornoz, con mucha más autoridad que yo, lo decía. Hay un ejemplo más reciente que los que ha referido el señor Sánchez Albornoz: es el de la esclavitud. Nuestros mismos abuelos, y tal vez los padres de algunos de nosotros, tuvieron esclavos. Constituían un valor patrimonial. El que tenía esclavos, o los había comprado o se los habían adjudicado en la hijuela compensándolos con otros bienes adjudicados a los otros herederos. Sin embargo, hubo un instante en que la conciencia jurídica del mundo subestimó este valor, negó el respeto a este género de título jurídico y abolió la esclavitud, perjudicando patrimonialmente a aquellos que tenían esclavos, los cuales tuvieron que rendirse ante la exigencia de un nuevo estado jurídico.

    Pero es que, además de este fundamento jurídico de la necesidad de operar la Reforma agraria revolucionariamente, hay un fundamento económico, que somos hipócritas si queremos ocultar. En este proyecto del señor ministro de Agricultura se dice que la propiedad será pagada a su precio justo de tasación, y se añade que no se podrán dedicar más que cincuenta millones de pesetas al año a estas operaciones de Reforma agraria. ¿Qué hace falta para reinstalar a la población española sobre el suelo español? ¿Ocho millones de hectáreas, diez millones de hectáreas? Pues esto, en números redondos, vale unos ocho mil millones de pesetas; a cincuenta millones al año, tardaremos ciento sesenta años en hacer la Reforma agraria. Si decimos esto a los campesinos, tendrán razón para contestar que nos burlamos de ellos. No se pueden emplear ciento sesenta años para hacer la Reforma agraria; es preciso hacerla antes, más de prisa, urgentemente, apremiantemente, y por eso hay que hacerla, aunque el golpe los coja y sea un poco injusto, a los propietarios terratenientes actuales; hay que hacerla subestimando el valor económico, como se ha subestimado el valor jurídico.

    Vuestra revolución del año 31 pudo hacer y debió hacer todas estas cosas. (Asentimiento.) Vuestra revolución, en vez de hacerlo pronto y en vez de hacerlo así, lo hizo a destiempo y lo hizo mal. Lo hizo con una ley de Reforma agraria que tiene, por lo menos, estos dos inconvenientes: un inconveniente, que en vez de querer buscar las unidades económicas de cultivo y adaptar a estas unidades económicas las formas más adecuadas de explotación, que serían, probablemente, la explotación familiar en el minifundio regable y la explotación sindical en el latifundio de secano –ya veis cómo estamos de acuerdo en que es necesario el latifundio, pero no el latifundista–, en vez de esto, la ley fue a quedarse en una situación interina de tipo colectivo, que no mejoraba la suerte humana del labrador, y, en cambio, probablemente le encerraba para siempre en una burocracia pesada. Eso hicisteis, e hicisteis otra cosa: hicisteis aquello que da más argumentos a los enemigos de la ley Agraria del año 32: la expropiación sin indemnización de los grandes de España. No todos los grandes de España están tan faltos de servicios a la patria, señor Sánchez Albornoz.

    (El señor Sánchez Albornoz: “Lo he reconocido”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA: Tiene razón el señor Sánchez Albornoz; pero repare, además, en esto: lo que era preciso haber escudriñado no es la condición genealógica

    (El señor Sánchez Albornoz: “Estamos de acuerdo, y he presentado una enmienda”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA: sino la licitud de los títulos, y por eso había en la ley un precepto que nadie puede reputar de injusto, que era el de los señoríos jurisdiccionales. Yo celebro que el señor Sánchez Albornoz haya explicado, mucho mejor que yo, la transmutación que se ha operado con los señoríos jurisdiccionales. Traía apuntado en mis notas lo necesario para decirlo. Los señoríos jurisdiccionales, por una obra casi de prestidigitación jurídica, se transformaron en señoríos territoriales; es decir, trocaron su naturaleza de títulos de Derecho público en títulos de Derecho privado patrimonial. Naturalmente, esto no era respetable; pero no era respetable en manos de los grandes de España, como no era respetable en otras manos cualesquiera. En cambio, fuisteis a tomar una designación genealógica y a fijaros en el nombre que tenían derecho a ostentar ciertas familias, e incluisteis junto a algunos que tenían viejos señoríos territoriales a algunos de creación reciente, a algunos que paradójicamente habían sido elevados a la grandeza de España precisamente por sus grandes dotes de cultivadores de fincas. No era buena, por esas cosas, la ley del año 32; pero esta que vosotros (Dirigiéndose a la Comisión) traéis ahora no se ha traído jamás en ningún régimen, y si queréis repasar en vuestra memoria lo que hizo la Monarquía francesa restaurada después de la Revolución, veréis que no llegó, ni mucho menos, en sus proyectos revolucionarios, a lo que queréis llegar vosotros ahora, porque vosotros queréis borrar todos los efectos de la Reforma agraria y queréis establecer la norma fantástica de que se pague el precio exacto de las tierras, pero con todas esas características: justiprecio en juicio contradictorio, pago al contado, pago en metálico, y si no en metálico, en Deuda pública de la corriente, de ésta que va a crear el señor Chapaprieta dentro de unos días, no ya pagando el valor nominal de las fincas en valor nominal de títulos, sino al de cotización, lo cual equivale a otro aumento del veinte por ciento de sobreprecio, aproximadamente, y después con una facultad de disponer libremente de los títulos que se obtengan. Comprenderéis que así es un encanto hacer una ley de Reforma agraria; en cuanto se compre la totalidad del suelo español y se reparta, la ley es una delicia; pero esto termina en una de estas dos cosas: o la ley de Reforma agraria, como dije antes, es una burla que se aplaza por ciento sesenta años, porque se va haciendo por dosis de cincuenta millones, y entonces no sirve para nada, o de una vez se compra toda la tierra de España, y como la economía no admite milagros, el papel, que representa un valor que solamente habéis trasladado de unas manos a otras, deja de tener valor, a menos que hayáis descubierto la virtud de hacer con la economía el milagro divino de los panes y de los peces. Esto es lo que tenía preparado para dicho en un turno de totalidad a vuestro proyecto. Vosotros pensadlo. Este proyecto se mantendrá en pie, naturalmente, hasta la próxima represalia, hasta el próximo movimiento de represalias. Vosotros, que sois todavía los continuadores de una revolución, aunque esto vaya sonando cada día un poco más raro, habéis tenido que hacer frente a dos revoluciones, y no más que hoy nos habéis anunciado una tercera. Cuando está en perspectiva una tercera revolución, ¿creéis que va a detenerla, que es buena política la vuestra para detenerla haciendo la afirmación más terrible de arriscamiento quiritario que ha pasado jamás por ninguna Cámara del mundo? Hacedlo. Cuando venga la próxima revolución, ya lo recordaremos todos, y probablemente saldrán perdiendo los que tengan la culpa y los que no tengan la culpa. (Muy bien.)

    24 DE JULIO DE 1935

    El señor PRIMO DE RIVERA: El señor Alcalá Espinosa ha tenido la amabilidad de decir que mis puntos de vista acerca de la Reforma agraria eran pintorescos, y eran pintorescos, a juicio del señor Alcalá Espinosa

    (El señor Alcalá Espinosa: “No lo tome a mal su señoría”.), porque para llevar a cabo una Reforma agraria reclamaba la previa delimitación del área habitable y cultivable del suelo español.

    El señor PRIMO DE RIVERA: Si el señor Alcalá Espinosa hubiese prestado la atención que he prestado yo al discurso del señor Florensa, encontraría la contestación a ese juicio suyo en varios pasajes del discurso del señor Florensa, muy fértiles en enseñanzas.

    (El señor Alcalá Espinosa: “¿Me permite su señoría? Es que su señoría se contradice al pedir con urgencia una Reforma agraria, y, al propio tiempo, lo otro. Por lo demás, ¿qué duda tiene?”)

    El señor PRIMO DE RIVERA: Yo rogaría al señor Alcalá Espinosa que pusiera en relación algunos pasajes de ese discurso con que nos ha deleitado y aleccionado a todos el señor Florensa. El señor Florensa ha hecho un discurso magnífico; con esa capacidad de expresión en castellano que sólo saben alcanzar los catalanes inteligentes, y en ese magnífico discurso, que yo hubiera aplaudido con fervor si hubiera podido separar la admiración literaria de la coincidencia política, en ese magnífico discurso nos dijo, entre otras cosas, estas dos cosas extremadamente interesantes: nos dijo, con tal fuerza expresiva que hizo pasar ante nuestras mentes incluso el espectáculo físico de lo que describía, que en la cuenca del Ebro hay tierras feraces, extensas tierras feraces, yermas por falta de brazos que las cultiven, y en otro pasaje, que una de las primeras cosas que hay que hacer antes de una Reforma agraria es revalorizar los productos agrícolas. Yo, que estoy dispuesto a admitir en economía agraria todas las lecciones del señor Florensa.

    (El señor Florensa: “No puedo darle ninguna”)

    El señor PRIMO DE RIVERA: le preguntaría: ¿No atribuye en mucho el señor Florensa la depreciación de los productos agrícolas al hecho de que se destinen a su producción tierras estériles, o casi estériles? (El señor Florensa: “Sí”.) El

    El señor PRIMO DE RIVERA:¿No es, en grandísima parte, culpa de que nuestros trigos cuesten a cuarenta y ocho, cuarenta y nueve o cincuenta pesetas el quintal el que se dediquen a producirlos tierras que nunca debieron dedicarse a eso?

    (El señor Florensa: “Absolutamente de acuerdo”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA: Pues si hay tierras feraces sin brazos que las cultiven y tierras dedicadas a cultivos absurdos, en una ambiciosa, profunda, total y fecunda Reforma agraria había que empezar por trazar el área cultivable y habitable de la Península española.

    (El señor Alcalá Espinosa: “Yo no me opongo a eso; pero es que estamos hablando aquí de cortar la propiedad y del inventario”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA: A esta primera operación, que ahora se encuentra respaldada no menos que por la autoridad del señor Florensa, la llamaba, con risueña facundia, el señor Alcalá Espinosa, literatura pintoresca. Esta es la primera operación. Y la segunda operación es la de instalar de nuevo sobre las tierras habitables y cultivables a la población española. Decía el señor Alcalá Espinosa: “El señor Primo de Rivera pide que esto se haga mediante una terrible revolución.” ¿Por qué terrible? Mediante una revolución. Ahora bien: en esta palabra revolución, que es perfectamente congruente con mi posición nacionalsindicalista, que todos tenéis la amabilidad de conocer, posición que no sé por qué amable licencia situó el señor Sánchez Albornoz a la derecha de la política española, en este concepto de revolución, lo que yo envuelvo no es el goce de ver por las calles el espectáculo del motín, de oír el retemblar de las ametralladoras ni de asistir al desmayo de las mujeres, no; yo no creo que ese espectáculo tenga especial atractivo para nadie; lo que envuelvo en el concepto de revolución, y así tuve el honor de explicar ayer ante la Cámara, es la atenuación de la reverencia que se tuvo a unas ciertas posiciones jurídicas; es decir, la actitud de respeto atenuado a unas ciertas posiciones jurídicas que hace cuarenta, cincuenta o sesenta años se estimaban intangibles. El señor Florensa, con su admirable habilidad dialéctica, nos ha hecho la defensa del agricultor, la defensa del que se expone a todos los riesgos, a todas las pérdidas, por enriquecer el campo; pero el señor Florensa sabe muy bien que una cosa es el empresario agricultor y otra el capitalista agrario. Estas son funciones muy diversas en la economía agraria y en todas, como puede verse, sin necesidad de más razonamientos, con una sencillísima consideración. El gerente de una explotación grande aplica una cantidad de experiencias, de conocimientos, de dotes de organización, sin los cuales probablemente la explotación se resentiría; en tanto que si todos los capitalistas agrarios, que si todos los propietarios del campo se decidieran un día a inhibirse de su función, que consiste, lisa y llanamente, en cobrar los recibos, la economía del campo no se resentiría ni poco ni mucho; las tierras producirían exactamente lo mismo; esto es indudable. Pues bien: si todavía en esta revisión de valores jurídicos que yo ayer comprobaba no ha llegado la subestimación en grado tan fuerte al empresario agrícola, al gestor de explotaciones agrícolas, es indudable que por días va mereciendo menos reverencia ante el concepto jurídico de nuestro tiempo el simple capitalista del campo; es decir, aquel que por virtud de tener unos ciertos asientos en el Registro de la Propiedad puede exigir de sus contemporáneos, puede exigir de quien se encuentre respecto de él en una cierta relación de dependencia, una prestación periódica.

    (El señor Alcalá Espinosa: “¿Por qué disocia su señoría los asientos del Registro de la Propiedad de la gerencia de la empresa agrícola? No veo la incompatibilidad, ni las dos figuras opuestas”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA:¡Si esto no lo digo yo! ¡Si, como dije ayer, yo no llevo la batuta del mundo! (El señor Alcalá Espinosa: “Pero ¡si es que no pasa así! Esta es la realidad”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA: Esto se hace así en el mundo y yo no tengo la culpa.

    (El señor Alcalá Espinosa: “Pero ¡si es que no pasa así, señor Primo de Rivera!”)

    El señor PRIMO DE RIVERA: El señor Alcalá Espinosa considera que esto no pasa así; yo le digo que sí pasa así.

    (El señor Alcalá Espinosa: “Pasa alguna vez”.)

    El señor PRIMO DE RIVERA: Y éste era el sentido de la ley de Reforma agraria del año 32 y el sentido de todas las leyes de Reforma agraria, y esto es así por una razón simplicísima: porque es que esta función indispensable del gerente, esta función que se retribuye y respeta, está condicionada, como todas las funciones humanas, por una limitación física, y si puede discutirse si el gerente es necesario en una explotación de quinientas, de seiscientas, de dos mil, de cuatro mil hectáreas, es evidente que nadie está dotado de tal capacidad de organización, de tal acervo de experiencias y de conocimientos como para ser gerente de ochenta, noventa, cien mil hectáreas en territorios distintos.

    (El señor Alcalá Espinosa: “Repare su señoría en que…”)

    El señor PRIMO DE RIVERA: Déjeme hablar su señoría para que concluya mi argumentación. Y como, queramos o no queramos, cada día será más indispensable cumplir una función en el mundo para que el mundo nos respete, el que no cumpla ninguna función, el que simplemente goce de una posición jurídica privilegiada, tendrá que resignarse, tendremos que resignamos, cada uno en lo que nos toque, a experimentar una subestimación y a sufrir una merma en lo que pase de cierta medida en la cual podamos, evidentemente, cumplir una función económica; de ahí en adelante, el exceso ha de ser objeto de una depreciación considerable. Pero éste es el fundamento de la ley de Reforma Agraria del 32 y de todas las leyes de Reforma Agraria. Esto es lo que traía a la Cámara, con una cierta ingenuidad, en el supuesto de que se pretendía reformar una ley defectuosa de Reforma Agraria para hacer otra; es decir, creyendo que en el ánimo de la Cámara flotaba como primera decisión la de llevar a cabo una Reforma Agraria. Hoy me he convencido de que no, y tiene muchísima razón el señor Alcalá Espinosa cuando me tacha de pintoresco. No se trata, ni en poco ni en mucho, de hacer una Reforma Agraria. Este proyecto que estamos discutiendo, en medio de todo su fárrago, de toda su abundancia, de todo su casusmo, no envuelve más ni menos que un caso en que se permite al Estado la expropiación forzosa por causas de utilidad social. ¡Para este viaje no se necesitaban alforjas! Porque la declaración de utilidad pública –y eso lo saben todos los abogados que forman parte de esta Cámara– es incluso una de las facultades discrecionales de la Administración, una de las facultades contra las cuales no se da el recurso contencioso-administrativo; de manera que, realmente, con que para cada finca de éstas que se van a incluir se hubiera dictado una disposición que le declarara de utilidad pública en cuanto al derecho a expropiaría, estábamos al otro lado y nos hubiéramos ahorrado todos los discursos.

    Esta no es una Reforma Agraria: es la anulación de toda Reforma Agraria, de todo propósito de Reforma Agraria, y su sustitución por un caso más privilegiado que ninguno de expropiación forzosa por causa de utilidad pública o social; un caso especial de expropiación, en que va a retribuirse al expropiado sin consideración alguna a si la finca que se expropia sirve o no para la Reforma Agraria, porque no ha sido precedida de ninguna suerte de catálogo o de clasificación respecto a si era expropiable, cultivable y habitable. Este era el problema, y yo, ayer, después que tuvisteis la benevolencia de escucharme y el gusto de escuchar a los demás señores diputados que hablaron en este mismo sentido, después que nos escuchasteis y nos felicitasteis en los pasillos con una efusión que no olvidaremos nunca, creí que nuestras razones os habían hecho algún efecto. Esta tarde he comprobado que no ha sido así. La ovación que habéis tributado al señor Florensa no era como aquella a que yo hubiera tenido el gusto de sumarme, de admiración a sus dotes oratorias, literarias, de inteligencia y de dialéctica; eran unos aplausos de total conformidad política. Y después el espectáculo de vuestras risotadas, de vuestros gritos y vuestras interrupciones demuestran que no tenéis en poco ni en mucho la intención de hacernos caso a los que venimos con estas consideraciones prudentes. Haced lo que os plazca, como ayer os dije. Si queréis anular la ley de Reforma Agraria, hacedlo bajo vuestra responsabilidad. Y ateneos a las consecuencias (Rumores.

    El señor Rodríguez Jurado: “Su señoría olvida las ocupaciones temporales mantenidas en el proyecto”. Siguen

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