Resolviendo problemas de forma pacífica

Hay personas, especialmente estudiantes de ciencias, que no son del todo conscientes que el hecho de tener razón al afirmar algo, no hace la afirmación en si menos inoportuna ni menos impertinente. Ahí están para recordarte hechos de tu interés tales como que lógicamente te vas a quedar calvo porque tu padre y tus abuelos también lo son, que suspendiste aquel examen porque no estudiaste, que tu novia te dejó por ponerle los cuernos, o lo poco que cobras a pesar de haber estudiado tanto. Verdades incómodas cuyo recuerdo puede amargarle a uno el día.

Algo muy característico de los psicópatas es su falta de empatía; pueden entender cómo piensas pero no cómo te sientes. Aunque yo personalmente no probé este método, una solución sería hablar con la persona impertiente en cuestión para intentar convencerla de que deje de decir cosas que nos molesten, cosa que llevaría directamente al fracaso; es seguro que este plan fallaría puesto que no tenemos más opciones que apelar a los sentimientos, o bien apelar a la razón. Si le explicamos cómo nos sentimos al oir esas afirmaciones suyas tan molestas, no nos entenderá, puesto que es un psicópata y carece de empatía. Si intentamos llevar el asunto por la vía racional, peor todavía, porque el psicópata suele llevar razón.

Seguir el ejemplo de Gandhi para resolver conflictos es algo tremendamente práctico, y de hecho seguir su ejemplo nos ayudará a resolver nuestro problema, como veremos más abajo.

Gandhi hizo algo revolucionario en su tiempo, resistirse de forma no violenta a la invasión de su país. Sabía que de enfrentarse de forma violenta a los invasores, la cosa acabaría en una humillante derrota, además de producir más violencia. El hecho de que la violencia produjese más violencia era porque en el contexto social en el que vivió Gandhi había unas reglas de juego no escritas; “ojo por ojo” era una de ellas, y como esas reglas no le convenían, decidió desconcertar a sus enemigos haciendo algo que no estaba previsto, rompiendo con las pautas de comportamiento vistas hasta entonces. Gandhi fue un hombre que, ante todo, rompió las reglas para jugar a otro juego, además de enseñarnos que la violencia es mala, especialmente si es para defenderse.

Cuando estamos siendo atacados una y otra vez por un impertinente, estamos en una situación análoga a la que estaba Gandhi, en nuestro caso “tener razón” es la regla de juego que no nos interesa, dado que es esta regla la que da legitimidad para decir cualquier cosa a nuestro querido “impertinator”. Otra regla social que no nos conviene, es que esté mal visto agredir a alguien sólo porque nos haya dicho algo desagradable.  ¿Cómo evitar entonces que ciertas personas hagan sus obvias e inoportunas afirmaciones en nuestra presencia?  Siguiendo el ejemplo de Gandhi, la solución es sencilla, lo que debemos hacer es romper las reglas, esto es, comportarse de la forma más irracional, imprevisible y agresiva posible, por ejemplo un día cualquiera en que esa persona inoportuna no nos haya dicho o hecho nada irritante, podemos acercarnos a él y darle una colleja bien fuerte sin dar explicaciones, colocarle objetos en la cabeza o tirarle agua por encima.

El siguiente paso es esperar a que algún día nuestro amigo reaccione forma violenta, amenazando con dar un puñetazo. En ese momento lo que hay que hacer es quedarse quieto con media sonrisa y la mirada perdida.  Algo así como la mirada de Bardem en “No es país para viejos”, con práctica se consiguen buenos resultados (si lo puede hacer Bardem…) Cuando tiene ya el puño en alto, amenazante, es cuando comprende que soltar el puño podría ser el pistoletazo de salida para un Columbine en versión española. Aunque es poco probable, es posible llevarse una tollina, cosa que sería un desagradable imprevisto. En tal caso, es recomendable montar la de Puerto Hurraco (para justificar esto ante la prensa y la opinión pública en general siempre podemos recurrir al tan socorrido “empezó él”). En caso de no haber recibido ninguna tollina durante un tiempo, la persona en cuestión, dejará de hablarnos.

Es posible que durante todo el proceso oigamos frases como “haya paz”, “mejor vamos a hablarlo, ¿no?” o la gran “sé razonable, hombre”. Por supuesto no hay que caer en esas burdas provocaciones y seguir a lo nuestro.

Algo de sangre de vez en cuando siempre viene bien, hace que

Llegados a este punto, podríamos haber muerto, estado en la cárcel o haber conseguido que la persona que nos molestaba dejase de hablarnos. Cualquiera de las tres posibilidades es una victoria a nuestro favor, porque ya no tendremos que oir más cosas irritantes. Es cierto que en la cárcel puede haber a su vez otros impertinentes que nos molesten, pero la solución es más que evidente: ejecutar de nuevo el mismo plan.

7 comentarios en “Resolviendo problemas de forma pacífica

  1. Voy a citar al ínclito Ignatius Farray:

    “Yo tenía un amigo deficiente mental que, cuando se metía en una pelea decia “PPIIIIIIIIMMBAAA” (ruido de puñetazo) pero no hacía nada, se quedaba quieto. Y a los 15 segundos, soltaba la bofetada. Esto extrañaba a los rivales y ahi se solía terminar la pelea por lo raro de la situación.

    PD: Ese amigo deficiente era yo.”

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