Japón, el país de las mentes jodidas

Japón es uno de los países más peculiares del mundo. Pese a que es uno de los estados más avanzados e industrializados del mundo, sus tradiciones y gustos poco tienen que ver con los de sus compañeros de occidente. El turista se encuentra con un país que no se preocupa por contentarlo, sino que lo desorienta y le plantea enigmas difíciles de resolver.

Lo primero que sorprende es el bajo nivel de inglés de sus ciudadanos, incluso por debajo del nivel medio de la población española, que hasta hace poco me parecía preocupante. Pese a una clara influencia anglosajona en el cine y la música, sus ciudadanos sienten poca necesidad de introducirse en esas culturas, quizá porque la consideran demasiado distante.

Sin embargo, son las perversiones de los japoneses lo que choca frontalmente con las pulcras sociedades occidentales. Nos encontramos ante un país donde los hombres no esconden su frustración ni sus preferencias, y donde existe un gran negocio en torno a esas pequeñas pasiones que llenan la vida de millones de cabezas muy fastidiadas.

Ropa de colegiala a la venta para el consumo adulto

La primera que observamos en nuestro viaje fue algo que habíamos escuchado: el llamado “Lolicon”, que viene de complejo de Lolita y que se aplica para denotar la atracción hacia las jóvenes menores de edad y también se llama así a las personas que se sienten atraídas por ellas. En cualquier supermercado venden revistas con mujeres aparentemente menores de edad en situaciones provocativas. De hecho, existen niñas que desde los 10 años posan en bikinis y ropa interior para revistas, calendarios y DVD, para un público adulto. No puede considerarse pornografía porque las niñas no llegan a desnudarse, pero obviamente requieren de un público con ciertos problemas emocionales.

De esta obsesión surge un tipo de local que nos dejó anodadados durante nuestra visita. Se trata de los Maidclubs, unos locales tipo bar donde a cambio de unos precios demenciales, los hombres pasan las horas bebiendo y comiendo, mientras hablan con jóvenes con actitud muy infantil vestidas de sirvientas francesas. Aunque parezca mentira, estas chicas no son prostitutas. Simplemente tienen el cometido de entretener a los hombres, ya sea mediante la conversación, jugando a juegos o cantando en el karaoke.

Este tipo de locales pueblan todo Japón, aunque en su mayoría las mujeres no se visten de forma especial, y parecen ser una de las pocas formas de ocio para después del trabajo. En la cultura japonesa, el hombre no debe volver a casa temprano, porque sería un síntoma de fracaso. Por eso se dejan en torno a 40€ la hora en un club donde las mujeres les dan conversación, les sirven copas y les encienden cigarrillos, sin más. También hay otros clubs donde se practica la prostitución, pero estos no tienen nada de especial y no son tan numerosos.

En definitiva, Japón es un país de frustraciones canalizadas en chicas vestidas de forma infantil, niñas que hacen fotos semieróticas para consumo adulto, porno pixelado, manga erótico y vaginas en lata a la venta en todos los supermercados junto a las latas de Pringles. Pero quizá los raros somos nosotros, y nunca lo sabremos.

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