Luis Mariscal, el torero de los 90

En mi primer día de 1º de BUP me sentaron a la derecha de un chico alto y que parecía algo mayor al resto llamado Luis Mariscal. Me pareció uno de esos adolescentes habituales: repetidor, desinteresado, inabordable y algo inculto. Pero en su caso estaba justificado, días más tarde nos enteramos de que era novillero, y que en breve tomaría la alternativa. La figura del torero se ha desdibujado en los últimos años, pero hace quince años eran auténticas estrellas, esas personas que nos hubiera gustado ser si no hubiera que pasar tanto miedo.

Él no parecía tener miedo a los toros para ganarse la vida, y presumía de su futuro ante las chicas del instituto. Conseguía más atención que nadie, ante las que añoraban parecerse a Carmina Ordóñez o Paloma Cuevas. Aún no había llegado Belén Esteban a destrozar el cargo de mujer de torero. Su apoderado invirtió fuerte: podían oírse anuncios con su nombre, ver carteles suyos pegados en las calles de Sevilla; parecía el advenimiento de una nueva figura. Dejó de vérsele por el instituto, aunque no sé si dejó de estudiar o no. Pero podíamos seguir sus andanzas en el periódico: alternativa y orejas los primeros años, que se cambiaron por lesiones y decepciones en los años venideros.

No sabría decir cómo de rentable fue para el apoderado, pero su nombre dejó de sonar. Aquel no iba a ser un nombre que pasara a la historia, al menos no por algo bueno.

Con el tiempo dejé de pensar que volvería a oír hablar de él, pero orientó su carrera a ser banderillero de su hermano también torero, Salvador Cortés, y volví a verlo en los medios de comunicación. Gracias a internet, pude comprobar que su estrella se había ido apagando desde que tomó la alternativa en 1996, y que ya era solo un torero ocasional. Hasta que el otro día salieron imágenes del que fuera mi compañero en televisión, y no eran precisamente buenas noticias:

La noticia de la cogida y su estado grave sólo ha culminado la historia de un sueño roto. De una persona que exprimió su fama antes de ganarla. Y de unas personas que pensaron que podrían decir un día “yo conocí a Luis Mariscal”, por otra cosa que no fuera una mala noticia. Por esas chicas púberes que desvirgó, y por esos chicos que hablamos con él para tener algo que contar en un futuro, sólo queda un lamento, que este haya sido el momento de fama que todos buscamos.

7 comentarios en “Luis Mariscal, el torero de los 90

  1. Con amigos como tú ¿quién quiere enemigos? Me parece patético tu artículo y leer las cosas que resaltas. Eso sí, queda muy patente la envidia que le has tenido y le tienes a Luis. Qué le vamos a hacer ¡así es la vida!!!! Gracias a Dios que Luis no ha sido nunca tu amigo.
    Anda “tanta paz lleves como descanso dejas” ¡so chufla!

  2. Ah, otra cosa!!! Demuestra lo valiente que eres firmando tus artículos y no poniendo “trolas”. Claro, que seguramente no habrá nombre que te defina mejor.

    • No entiendo tu enfado, porque sólo he hablado de lo que vi en mis años de instituto. Y por supuesto que no éramos amigos, pero era curioso ver cómo se lo trataba al prevenir su futura fama. Supongo que en tu caso será distinto, pero eso no debería hacerte cerrar los ojos ante cómo ha sido su relación con las personas que lo han conocido.

  3. Tú no has dicho solamente lo que viste en tus años de instituto. Estás insultando a una persona que no puede defenderse entre cosas, porque gracias a Dios, no creo que nunca vaya a leer esto.
    “banderillero de un primo suyo también torero”- Es su hermano, a ver si te informas un “poquito” mejor.
    “Gracias a internet, pude comprobar que su estrella se había ido apagando desde que tomó la alternativa en 1996” – Otro comentario súper agradable
    “y que ya era solo un torero ocasional” – ¿te has puesto alguna vez delante de un toro? ¿sabes el trabajo que cuesta ser alguien en este mundo? No, para qué. Es mucho mejor tratar a la gente con desprecio.
    “De una persona que exprimió su fama antes de ganarla” – Si nunca has sido su amigo ¿cómo sabes lo que exprimió o dejó de exprimir?
    Podría decirte muchas cosas más, pero entrar en tu juego es ponerme a tu nivel, y yo tengo clase, cosa que tú desconoces, sobre todo por decir estas cosas de una persona que está muy grave en un hospital.

    • Lo cierto es que no me parecía estar insultándolo en ningún momento. En este artículo sólo pretendía resaltar cómo es la vida de una persona famosa o conocida, desde un punto de vista lejano que yo viví. Disculpas por el error sobre que era el primo, que ya está corregido.
      Por otro lado, creo que llevas razón en criticarme dado que escribir este artículo en este momento es algo de muy poco tacto. Pero ten en cuenta que una vez que tienes una idea en la cabeza, aunque sea mala, hay que liberarla y ver la opinión de la gente.
      Pero no todo podían ser disculpas, creo que asegurar que “no entras en mi juego porque tienes clase” es un error: la clase es algo que se demuestra con hechos, no algo de lo que jactarse.

  4. Ah, y mi caso no es distinto, porque lo conozco desde hace 16 años, así que he pasado por todas sus etapas. No me pongo una venda en los ojos sólo porque alguien sea mi amigo.

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