Lágrimas rojas

El cambio de gobierno que se ha anunciado ha sido difícil de asumir. Uno de los nombres entrantes es una vieja conocida de la población: Rosa Aguilar, la que fuera alcaldesa de Córdoba entre 1999 y 2009, y que ya dejó IU en el 2009 para formar parte de la Junta de Andalucía.

Hoy, un hombre de 90 años que combatió en la Guerra Civil en el bando Comunista y que siempre votó al PCE y a IU, se ha ido a dormir sin cenar en la residencia de ancianos a la que lo mandaron sus hijos, también traidores votantes del PSOE en las últimas elecciones. El voto útil, decían. Y en la soledad de su habitación, ha llorado lágrimas rojas, por ver cómo políticos que admiraba: Santiago Carrillo, Cristina Almeida, Diego López Garrido y ahora Rosa Aguilar, han acercado posturas con los falsos rojos del PSOE, el partido de la gente que dice ser de izquierdas.

Ya desde joven entendió que habría traidores, desde que perdieron en la defensa de Madrid, supuso que muchos se pasarían al enemigo. Pero una vez llegó la democracia, entendía que la libertad de afiliación a partidos políticos implicaría el no traicionarse a uno mismo, ni a los que habían sido tus compañeros, en las trincheras, en las manifestaciones, o en las campañas electorales.

Quedan ya pocos referentes a los que aferrarse. Se consuela pensando que Julio Anguita, que nunca lo traicionó, debe haber pasado también un mal día, y debe haberse sentido tan solo como él.

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